Para ti, Lucía



Seis años después, nos hemos levantado bailando la Yenka. Llegaste antes de tiempo. Fue, como hoy, un 2 de mayo. Día de la madre.

Un, dos, tres.

Ella es la Navidad

Escúchame, amigo:

El día ha sido más duro de lo previsto, es tarde, estoy cansado y mañana madrugo. Pero esta noche necesito que me leas con atención. Tengo una historia urgente que contarte.

Éramos jóvenes y recién casados. Volvíamos a casa tras tomar un par de copas. Hacía frío. Como hoy. O más. En la puerta de la iglesia que hay delante de nuestra casa algo se movió. Un hombre más cerca de los sesenta que de los cincuenta yacía encogido, mascullando algo, probablemente quejándose. No sé. Ella se paró un instante. Me miró y no dijo nada. Al rato volvió a bajar, con una manta, un bocadillo, un par de latas y -si no me falla la memoria- hasta algunas monedas. No nos sobraba nada.

Ya nos habíamos casado, pero fue esa noche cuando me enamoré de ella. Me hizo llorar de pura sensibilidad.

Ahora tenemos dos hijas. Dos bendiciones. Lo que veis en la foto es lo que cada una va a llevar mañana a la 'Operación Kilo'. Es un pedazo de Navidad para quienes no hay Navidad.

Porque, escúchame amigo, serán más listas o menos; más guapas o menos; más simpáticas o menos... Pero son hijas de ella. Y eso las marca. Tienen un corazón que no les cabe dentro y están aprendiendo a ver la vida por el catalejo de la Justicia. Tienen una madre. Una pedazo de madre. La tienen a ella.

Así que, amigo, si un día te cruzas conmigo, estalla de envidia, porque mientras escribo ésto, ella duerme sobre mi costado.

Y, amigo, si te cruzas con ella, déjala que pase. Y luego, besa el suelo que ha pisado. Podrás decirle a los tuyos que has besado la huella de un ángel.

Era urgente contártelo. Tanta emoción no me cabía dentro.

Hasta mañana, amigo.

Pornografía infantil NO


Ya es 20 de noviembre y hoy miles de blogs y webs de todo el mundo gritamos contra la pornografía infantil escribiendo posts como este. Si has llegado hasta aquí buscando angels, lolitas, boylovers, preteens, girllovers, childlovers, pedoboys, boyboys, fetishboys o feet boys, vete directamente a la mierda. Por depravado sexual e indeseable. Te escondes en tu anonimato y tu vida aparentemente normal, pero sabes que algo gordo falla. Si buscas morbo o imágenes de menores desnudos en la Red y te da placer hacerlo, que sepas que eres un enfermo mental. Con tus aberraciones estás haciendo sufrir a los más pequeños, estás pisoteando pequeños corazones rotos a los que ni siquiera dejas tener la felicidad de la infancia. Eres basura y como tal vete ya de aquí. Ojalá en tu siguiente búsqueda te encuentres con otro de los miles y miles de blogs y webs que hoy y siempre vamos a gritar contra la pornografía infantil, la pedofilia y la pederastia. Unas lacras que, en mi opinión, son las mayores aberraciones que puede cometer un ser ¿humano?

Tal cual lo dice Nacho lo suscribo yo. No se me ocurre mejor manera de expresarlo.

Malo será, hermano


Nunca pensé que un anuncio de un supermercado me emocionase de esta forma.
Me vais a perdonar que se lo dedique a Sergio, un madrileño que sigue peleando por vivir como un galego.

Las cuatro campanas

Anduve por Laxe. Me llamó mucho la atención la iglesia de La Atalaia, edificada sobre un acantilado, de espaldas al mar, pero con su torre y su campanario en una esquina posterior. "Claro, tú -explica un paisano- para que las campanas suenen cara al mar, no hacia la montaña". Claro, joder. Lo que técnicamente se llama 'campanario descolocado'.

Pero falta algo. El campanario tiene sitio para seis campanas, pero sólo hay dos. Las otras cuatro, cuentan, fueron fundidas y convertidas en cañones para defender el pueblo, tanto de los piratas británicos como de los soldados 'napoleonos'.

En tiempos de paz, las dos campanas supervivientes servían para avisar a los marineros cuando se avistaba un banco de ballenas. Al toque de badajo, los rudos pescadores embarcaban hacia la dura lucha contra los cetáceos.

Y digo yo... ¿a estas alturas a nadie se le ha ocurrido restaurar las cuatro campanas que faltan?

Por lo demás, lugar perfecto para hacer senderismo, para playear en verano y para fundirse la visa comiendo como un señor. Recomiendo 'Casa do Arco'. Eso sí, no me vengáis protestando por la factura.

Carne de diván


Como diría el clásico...
¡Qué me aspen si entiendo algo!
Voto no y digo sí.
(En algo sí tiene razón el alcalde: es una situación que los ciudadanos no llegamos a comprender y, francamente, creo que esta vez también llevamos razón).

La última de Leslie Howard



Titajú sabe de sobra quien era Leslie Howard: el actor que encarnó a Ashley Wilkes en 'Lo que el viento se llevó', el 'tío moñas' del que se enamora Escarlata O’Hara y que, en vez de beneficiarse a la prota, va y se casa con su prima Melania.

No fue el mejor papel de Howard. Ni este, ni otros como el de Sir Percy Blakeney en 'La Pimpinela Escarlata', o el del profesor Higgins en 'Pygmalion'.

El papel de su vida fue su vida.

Y su muerte.


Leslie Howard murió el 1 de junio de 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, al caer abatido por un escuadrón de la Luftwaffe el avión en el que viajaba con otras 16 personas. Por más que la historia nos haya contado que España no participó en el lío que se montó para acabar con ese chiflado llamado Hitler, el 'Ibis', el DC·3 en que volaba el actor británico fue torpedeado frente a los acantilados de San Andrés de Teixido. Desde este verano, a un kilómetro del santuario, luce una placa recordando el suceso. Ved la foto.

Pero... ¿qué hacía Howard, actor de refinado prestigio en Gran Bretaña y EEUU, a bordo de un avión militar en plena guerra?

Según cuenta José Rey-Ximena en su libro 'El vuelo de Ibis', Leslie Howard se había convertido en un espía al servicio de Su Majestad. El flemático galán se había zumbado durante el rodaje de 'Prohibido' (1931) a Conchita Montenegro, la primera española que triunfó en Hollywood. La artista donostiarra, conocida como la Greta Garbo de aquí, estaba emparentada con altos dirigentes de Falange. Dicen incluso las lenguas viperinas que la Montenegro -con la venia de Carmen Polo- le hacía tilín a Franco.

La Inteligencia Británica, haciendo honor a su nombre, sabía todo esto y le encomendó a Howard que viniese a convencer al caudillo ferrolano de que no se metiese en jaleos bélicos, y menos si era para apoyar a Hitler. Vamos que Churchill le dijo al actor: "Ves (sic) a junto Franco y dile que no nos toque los huevos".

Los alemanes, que eran bastante hijos de puta, pero no tontos del todo, le pasaron la factura a Leslie Howard, cuyo cuerpo jamás fue encontrado tras ser engullido por las aguas de la ría de Cedeira-Ortigueira.

Yo estuve allí este fin de semana y me acordé de vosotros.

Cuarenta y un años y un día


Radio Oceano - Como o vento








Sintes como o lamento
do tempo pode chegar
como unha lanza no vento
como o vento avanzar.

Erguémonos en silencio
cando nos chama o mar
sair das ruinas dun tempo
ou polo menos tentar!

¡Muy bien, campeón!



Y no os creáis. Lo curioso del caso es que esta vez lo han pillado. Normalmente los jefes de Prensa hacen estas cosas en rincones apartados, en despachos bien protegidos o en silencio, sin amenazas.

Bueno, vale. Seamos justos. Hay excepciones. Pocas. Pero haylas.

Si puedo, moriré sin haber sido jefe de Prensa de nadie. Trabajaré para poder.

Gracias, abuelo

Vaya por delante que esta entrada está patrocinada por Abadía da Cova, el licor café más peleón que conozco, lo cual me exime de cualquier responsabilidad.

Os aviso también de que se me antoja larga, así que si no queréis rollo, a otra cosa.

Lo estoy pasando mal. Llevo diez días en el paro, una semana sin fumar, y cinco días inmerso en la más grave crisis conyugal que recuerdan mis 16 años de matrimonio. Todo junto.

Y esta noche ha sido una de las más felices de mi vida. Ya veis. No hay mal... A ver si me hago entender. Como tengo tiempo de sobra, me he pasado la tarde buscando unas gafas de sol y unos zapatos. Ambos los necesito. Las gafas de sol me las cargué en la mudanza. Los zapatos... Soy muy raro para los zapatos. También para los zapatos.

Al final, ni zapatos, ni gafas. Me he comprado un kilo de navajas, una botella del mejor albariño que he encontrado y he montado la fiesta en casa. Mi casa, en verano, no es mi casa. Es la casa de los abuelos. Allí nos trasladamos todos en busca de un poco de paz estival. La familia se estira y en un instante de cuatro pasamos a ser siete.

Yo admiro al abuelo Garrido. Nunca se lo he dicho y no creo que tenga huevos a decírselo jamás. Pero lo admiro. Me lleva veintitantos años de ventaja. Ha sufrido como un perro toda su vida. Sé cosas de él que muy pocos soportarían. ¿Sabéis? Fue barrendero. Después de comerse toda la mierda del mundo en Suiza, logró ser barrendero. Y lo dejó tras encontrarse un día a un bebé muerto en una basura. Lo dejó para ser sepulturero. Sí, amigos. Soy el yerno del sepulturero. Lo digo con todo el orgullo que me cabe en el pecho.

Ayer, después de la cena, el abuelo Garrido se sentó ante la tele. Sospecho que no le estaba haciendo ni puto caso a una serie americana que ponían. Estaba absorto en sus cosas. Protestando porque sus nietas tenían la música muy alta. Protestaba, sí; pero sin mucha insistencia. Las nietas estaban dedicándole su gala. A Sara la escoba ya se le queda un poco pequeña como micrófono. A Lucía el recogedor le da la medida exacta. En un momento dado, ambas dejaron su 'play-back' para abalanzarse sobre el abuelo Garrido y espetarle en la cara sendos besos. Eso es lo que quiero ser yo de mayor. Justo eso.

Me importa una mierda estar en el paro. No debería decirlo, pero ésto va a cambiar más rápido de lo que pensaba. Me importa una mierda que mi contraria no me hable. Yo la perdonaré, y ella a mí. Y ambos, a la persona que más ha sufrido con todo esto. Sin culpa. Dejaré de dejar de fumar. Seguro.

Pero dentro de veintimuchos años, si el destino lo quiere, estaré al fin jubilado. Tendré, quizá, un par de nietas que tras una cena cualquiera se me acercarán por sorpresa y me plantarán sendos besos. Y con eso me bastará para hacer como que miro la tele mientras, en realidad, se me cae una lágrima de emoción.

Sé que por eso que vendrá, todo ésto vale le pena. Lo sé.

Así lo vi, así os lo cuento



¡Vale, joder! Ya sé que quedé en que os lo contaría 'ipso facto' y ya han pasado cinco días. Sus aguantais, por fiaros de un túzaro como yo. Para que no me protestéis, una novedad. Un vídeo, nada menos. Ahora que la prensa escrita me ha mandado a freir puñetas, hay que probar de todo, que nunca se sabe.

Fue la ost... La leche. Emocionante, agotador, surrealista... La noche acabó con una cena en una terraza elevada a un quinto piso, a la sombra de las luces de La Giralda, aunque yo no la cambio por la de la noche anterior, en un patio de Triana.

¿Sabéis? Esto de estar 'fuera' te permite enterarte de muchas cosas. Cabrones, estáis seguros de que no las voy a publicar. No tengo donde. O eso os creéis.

Cuidaos.