¡Atentos!


Echadle un vistazo y me comentáis.
Mejor, comentádselo a ellos. Os lo agradecerán.

Suerte, maestro.

Un mal día...


Lo tiene cualquiera.

(Me gustaría saber de quién es la foto de la derecha -que es el de izquierdas- para darle el mérito que se merece. La de la izquierda -que es el de derechas- es de Edu Nividhia, y esta es su historia)

El asombroso hombre sin estómago



La cosa es la siguiente:

Según la doctora Griso, el frío, la mala alimentación y el estrés te agujerean el intestino, al que llegan unas puñeteras bolitas moradas con pinchos, sin pasar por el estómago (¿pa qué?, si no tienes). Las bolitas se te cuelan por los agujeros pa joderte la vida, salvo que te pongas hasta el culo de Actimel, que lleva unas bolitas más simpáticas, blanquitas ellas, que te taponan los agujeros.

"Esto no es magia, es ciencia". Y no lo dice mi prima la de Cercedilla. Lo dice nada menos que la Universidad de Navarra.

Pa cagarse.
Inspirado por El Blog Ausente

¡Rediós!


Cuidado con las crisis... Las carga el diablo.
¿Es cierto que El Vaticano estudia aplicar un ERE?

Yo, en CD

El último cd que me he grabado para el coche
Y el que tenga huevos, tiempo y ganas, que me psicoanalice.

Lo siento, Losi

Desde que he puesto el primer pie en el suelo esta mañana estaba deseando meterme en cama y dormir. Lo necesito. Quienes han compartido conmigo el día se han dado cuenta sólo con mirarme a la cara.

Y no puedo. Estoy reventado de rabia; destrozado por una injusticia que me ha estallado en las putas narices.


A ver cómo os lo cuento. A las nueve de la noche llegaba Sara tras tres días de excursión en Cabeza de Manzaneda. En realidad, se trataba de ir ensayando la independencia que, a sus casi 12 años, comienza a hormiguearle entre los dedos. Tenia mucho que contarnos, y nosotros muchas ganas de escucharla, de verla y de achucharla. Así que hemos metido el maletón en el maletero y nos hemos ido a cenar a nuestro italiano favorito... que, por supuesto, es argentino.

Allí estábamos los cuatro, alrededor del mantel a cuadros, cuando de repente se me empezaron a quitar las ganas de cenar.

La protagonista de esta historia es una de los cinco compañeros de Sara que no han ido a la excursión. Cinco en el colegio, y 48 en la nieve. Desconozco las otras cuatro historias. Pero Sara me contó anoche la de Losi.

No se llama Losi. No voy a decir su nombre verdadero. Yo la llamaré Losi. De lo siento. De siento no haber tenido el olfato para descubrir tu triste historia antes. De siento que pagues la culpa que no tienes. De siento no saludarte cada mañana cuando esperas en la puerta del cole la compañía de mi hija mayor y la sonrisa de la pequeña. De siento que nadie te lleve nunca a cenar a un italiano. Te gustaría. Lo sé.

Me cuentan que Losi no ha ido a la excursión porque nadie se la ha podido pagar. Su padre se marchó hace ya tiempo, sin preocuparle una mierda dejar tirados a un aprendiz de hombre, a una niña huérfana sin entierro y a una mujer apestando a lejía en unas escaleras que no son las suyas. Valiente hijo de puta. Así te mueras lento y consciente.

Eran 96 euros, maldita sea. Losi ha perdido una oportunidad de ser feliz por 96 euros. No me sobra el dinero. Tampoco me falta. Pero hubiera pasado hambre por meterle en el bolsillo esos 96 euros. Y ahora yo estaría durmiendo, y no rumiando mi impotencia a golpe de teclado.

Esto es una mierda. Todas las mañana veo las mismas caras, escucho las mismas tertulias y contemplo desde la distancia las mismas miserias. Nadie ha sido capaz de echar una cuenta: Padres que pasáis a mi lado, si cada uno ponemos dos euros más, habrá un hueco para Losi.

¿Para qué coño sirven las apas, anpas, ampas o como se llamen? ¿Para qué un colegio de curas? ¿Por qué nos resulta tan fácil organizar un cumpleaños y tan difícil darle una alegría a quien está condenado a pasarlas putas el resto de su vida?

Me ha dado tanta rabia, tanto asco, que me han entrado ganas de gritar.

Losi, perdóname. Lo siento.

Y perdonadme vosotros por el 'chorizo'. Quienes me seguís sabéis que no me gusta extenderme. Pero necesitaba echarlo todo.

Necesito dormir.

¡Qué difícil se me hace...!

El vídeo es del 85, cuando a Ríos ya se le empezaba a pasar el arroz del Rock & Ríos.

Las historias del abuelo Cebolleta (mode on)

Por cierto, yo estuve allí, en Riazor, cuando Luz Casal era una rockera irreverente que se recreaba enseñándole las bragas al personal. A mí los que me conquistaron aquella lluviosa noche fueron los Leño.
Las historias del abuelo Cebolleta (mode off)

La canción, 'Todo a pulmón', no es de él. Es de Alejandro Lerner, que viene siendo como Miguel Ríos, pero en argentino. La grabó por primera vez en el 83.

A lo que voy: Llevo 26 años escuchándola (y perpetrándola en la ducha cuando tengo la certeza de que nadie me escucha).
26 años, y ahora empiezo a entenderla.

A mí también, compañero

A mí también me aburre la campaña, compañero.
Y sólo van dos días.

Domingo por la mañana. Un sol que te mueres. Amanecer después del día de los enamorados.
Y en el Palacio, Zapatero.
Como para no quedarse frito.

Huevo y pico




Desde el principio sabía que me iba a costar un huevo lo del blog.

Pero casi me cuesta los dos.

Y todo porque no soy capaz de expresar lo que hay que expresar.

Mil perdones.
Bueno, en realidad sólo dos.

La foto de Soraya

Llevo todo el fin de semana viendo como le caen palos a mansalva a Soraya Sáenz de Santamaría por la foto de El Mundo.

Y no entiendo nada.

Algún día comprenderemos que los políticos son gente normal. Que sufre, ríe, siente y va al baño. Lo mismo que el resto de los mortales.

Arriba os dejo una selección de algunos que todos conocemos. Que no necesitan presentación. Son fotos del archivo de Qué! Todas ellas hechas desde el respeto.

Y no pasa nada.

Actualizo (31-01-2009): Efectivamente, las fotos reproducidas en esta entrada son de Óscar Izquierdo. No sólo eso. En su mayor parte la idea también fue suya. Y no haberlo puesto antes, otro error mío.

El Bocas

Todos los que pasan por una vida dejan su huella. Algunas imborrables. Otras se las lleva la primera brisa. Me acaban de dejar encima de la mesa esta postal con mensaje. Yo lo había bautizado como 'El Bocas' cuando habitaba en otra mesa.

"Tú mismo debes ser el cambio que desees ver en este mundo".

Bienvenido, Bocas. Te vas a quedar ahí, mirándome. Esta huella no la quiero borrar, por más que el pisotón me haya dolido. Mucho.

Un coruñés en Palestina


En los últimos dos meses he estado a caballo entre Madrid y Coruña. Allá, en la capital, me gusta encontrame con la embajada gallega: María, Marta, Iago, Nacho...

La última vez que estuve con Carretero me dijo que se iba a Palestina. Que lo habían ofrecido en la Redacción y que nadie quería pasarse la Navidad donde se supone que comenzó todo. Él sí.

Nacho tiene un par de huevos. Eso es innegable. Allá se fue. Y allá le reventó todo delante de sus narices.

Ahora, de vuelta a casa, nos está contando su experiencia. A mí me está sirviendo para dos cosas:
  1. Entender algo de un follón que hasta ahora me parecía de otro mundo.
  2. Darme cuenta de que las personas que me rodean son grandes. Muy grandes.
No os lo perdáis. Vale la pena.
(La foto también es suya, de su galería)

Crisis

Sí, amigos. En un arranque de originalidad he decidido que estoy en crisis. He dicho crisis, no pereza. Bueno, el caso es que no me apetece una mierda escribir, ni siquiera aquí. Así que hasta más ver.

¡Berberechos del mundo, uníos!

Lucía se asomó a la encimera. Un cuenco de berberechos a remojo llamó su atención. Uno de ellos, ofendido en su intimidad, le lanzó un chorretón de agua.
- Mamá, ¿por qué me ha escupido?
- Es que aún están vivos.

Lucía rompió a llorar. "Los vais a matar. No quiero que los matéis. Yo soy amiga de todos los animales del mundo. No quiero, no quiero. Buaaaaa...".

Me temo que Lucía, a pesar de sus cuatro años y medio, ha decidido solidarizarse y no probar el arroz. Es posible que nunca más quiera volver a comer berberechos. Hasta me ha hecho sentir mal.

No hay derecho... a matar a un berberecho debajo de ningún techo.

Del Pirulo al Frigo Dedo

Estoy realmente abrumado por la marea de solidaridad que la mortadela con aceitunas de La Piara y yo hemos recibido en las últimas horas. Compañeros de oficina que me confiensan en voz baja: "Yo fui charcutero". Amigos que me dan palmadas en el hombro. Gentes anónimas que me paran por la calle y me espetan: "Cerdo de los huevos, ¿cómo te podías comer esa basura?"...

Pero da que pensar. Llevo unos días nostálgico recordando sabores perdidos. Y casi como una señal del más allá me tropiezo con el mausoleo de los helados.

Saboreadlo.
(Vía Pixfans)

Actualizando: En Microsiervos hasta puedes votar por tu favorito.