¡Berberechos del mundo, uníos!

Lucía se asomó a la encimera. Un cuenco de berberechos a remojo llamó su atención. Uno de ellos, ofendido en su intimidad, le lanzó un chorretón de agua.
- Mamá, ¿por qué me ha escupido?
- Es que aún están vivos.

Lucía rompió a llorar. "Los vais a matar. No quiero que los matéis. Yo soy amiga de todos los animales del mundo. No quiero, no quiero. Buaaaaa...".

Me temo que Lucía, a pesar de sus cuatro años y medio, ha decidido solidarizarse y no probar el arroz. Es posible que nunca más quiera volver a comer berberechos. Hasta me ha hecho sentir mal.

No hay derecho... a matar a un berberecho debajo de ningún techo.

5 comentarios:

Sin Ánimo de Nada dijo...

Qué grande...

Tanya dijo...

Más que grande...
Un beso para Lucía

Xotengo dijo...

Más jodido lo tienen las moscas, que hasta los niños no tienen piedad con ellas.
¿Acaso no tienen derechos?

P C (Post Comentarium): Eres realmente bueno, Túzaro.

¿Cuándo nos haces una colaboración en nuestro blog?

P C Bis: Recordaré siempre la escena en casa de mi tía de Lugo. Hoy jugando con dos hermosos conejos (conejos de esos con pelos, no penséis más), mañana guiso de conejo. Tendría 8 años. Todavía hoy me da repelús comerme un buen conejo, COÑO.

Matapollos dijo...

Berberechos, almejas y ostras, vivos mejor que muertos, con una gotita de limón y champagne francés, nada de cava catalán.
Hay que enseñar a los niños a comer en condiciones.

Titajú dijo...

Tuvieron que pasar años hasta que fui capaz de cocer marisco en casa.
Y ahora, cuando lo cuezo, sé que tendré que cargar con esa culpa toda la vida.
Menos mal que tengo la conciencia bien amaestrada.